El pasado 20 de junio Jordy Alcívar saltó como titular en el partido donde Ecuador enfrentaba a la selección de Curazao, un dato que quizás muchos ignoramos es que tuvieron que pasar más de 20 años para que un manabita vuelva a defender a la selección nacional en un mundial.
Al cruzar los registros oficiales de las cinco clasificaciones mundialistas de la Tricolor absoluta (2002, 2006, 2014, 2022 y 2026), se revela un dato tan curioso como irrefutable: la provincia de Manabí, un territorio que respira fútbol en cada playa y cada barrio, apenas ha aportado dos jugadores nacidos en su jurisdicción a las listas definitivas de la Copa del Mundo.
Esta cifra resulta estadísticamente marginal al considerar aspectos como el hecho de que esta provincia cuenta con dos equipos en la primera A: Delfín S. C. y Manta F. C, y uno en primera B: Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo; además, Manabí es la tercera provincia más poblada de Ecuador. Esto, obliga a replantear el papel de la provincia en la élite del fútbol nacional.
La disparidad geográfica se hace evidente al contrastar las nóminas históricas, donde provincias como Esmeraldas y Guayas han acaparado las convocatorias. En la edición de 2026, por ejemplo, diez seleccionados son esmeraldeños. La ausencia manabita en la selección mayor responde a aspectos estructurales: una descentralización deficiente del alto rendimiento y la concentración de la ciencia deportiva en clubes de Pichincha y Guayas, lo que históricamente ha forzado a las promesas locales a migrar en la niñez o, simplemente, a diluirse en el anonimato.
Alfonso Obregón: El pionero portovejense que hizo historia

El capítulo inaugural y más extenso de esta reducida historia lo escribió Alfonso Obregón, un mediocampista nacido en Portoviejo que logró ser convocado por el técnico Hernán Darío Gómez para el Mundial de Corea-Japón 2002. Considerado como un jugador capaz de cumplir simultáneamente las funciones de un cinco, un ocho y un diez gracias a su visión periférica y despliegue físico, Obregón se erigió como el eje medular de una generación que le otorgó al país su primera clasificación mundialista.
Durante ese mundial, Obregón no fue un mero espectador en el banquillo. El volante saltó como titular en los tres encuentros del Grupo G frente a Italia, México y Croacia, acumulando un total de 183 minutos de juego. A pesar de ser sustituido en las segundas mitades de los choques ante mexicanos y croatas, su impecable participación incluyó la histórica primera victoria ecuatoriana en los mundiales (1-0 ante Croacia).
Una sequía de 24 años, exclusiones dolorosas y el éxodo
Tras la participación de 2002, el fútbol manabita entró en una prolongada sequía mundialista que se extendió durante 24 años, ausentándose por completo en las convocatorias de Alemania 2006, Brasil 2014 y Qatar 2022. En este lapso, algunos jugadores rozaron la gloria sin alcanzarla, siendo el caso más emblemático el del portovejense Junior Sornoza. A pesar de registrar campañas deslumbrantes a nivel de clubes—coronándose campeón de la Copa Sudamericana 2022—, el enganche fue polémicamente excluido de la lista para Medio Oriente, evidenciando lo esquiva que resultaba la selección mayor para los nacidos en la provincia.
Esta constante en los proyectos mundialistas de la Tricolor ha propiciado escenarios atípicos, induciendo un sutil éxodo de talentos hacia otras latitudes. La evidencia más reciente es el caso de Jairo Vélez, un habilidoso volante creativo nacido en el cantón El Carmen que, tras no ser afianzado en el combinado ecuatoriano absoluto, adquirió la nacionalidad peruana alcanzando su primera convocatoria en la selección inca, donde ya marcó un gol en amistosos.
Jordy Alcívar y la nueva era: El renacer desde Manta

El maleficio provincial finalmente se quebró de cara al Mundial de Norteamérica 2026. El centrocampista mantense Jordy Alcívar, incluido en la nómina oficial de 26 futbolistas por el técnico Sebastián Beccacece, se convirtió en el segundo manabita en la historia en integrar una delegación mundialista absoluta de Ecuador. Fue el sábado 20 de junio ante Curazao, cuando Alcívar alineó como titular en la media ecuatoriana luciendo el número 5 en su dorsal. Jugó 49 minutos en ese deslucido encuentro donde la tricolor no pudo doblegar a una selección que jamás había sumado en la historia de los mundiales.
El éxito de Alcívar evidencia la urgencia de migrar para triunfar. A los 12 años, abandonó Manta para forjarse en Liga de Quito y, posteriormente, perfeccionó su rendimiento en el complejo de Independiente del Valle, un club que utiliza métricas avanzadas de maduración biológica para el desarrollo atlético y que aportó a la mitad de la plantilla mundialista de 2026.
¿Qué le ha faltado al fútbol manabita?
Para comprender el origen de este escenario, resulta vital el criterio del periodista y analista deportivo manabita Carlos Paolo Delgado, quien sostiene que la respuesta radica en dos aristas. La primera es el marcado centralismo del fútbol ecuatoriano, cuyas potencias se concentran casi exclusivamente en Quito y Guayaquil. Aunque Manabí cuenta con varios clubes de gran tradición, estos no han logrado consolidarse como referentes económicos ni deportivos. Esta carencia estructural fuerza la migración de las promesas locales hacia los grandes polos del país; un sacrificio que, por factores económicos o familiares, no todos los jóvenes pueden asumir a temprana edad, provocando que muchos prospectos queden en el camino.
La segunda arista responde al biotipo que ha dominado las convocatorias de la selección ecuatoriana en las últimas décadas. La base de la Tricolor se nutre principalmente del talento afroecuatoriano, sacando provecho de ventajas atléticas como la fuerza y la explosividad en velocidad, cualidades que abundan en la población de Esmeraldas y el Valle del Chota, en Imbabura. En contraste, el biotipo del futbolista manabita es distinto. Los casos de Alfonso Obregón y Jordy Alcívar son ejemplo para ilustrar este fenómeno: ninguno se caracteriza por un despliegue físico arrollador, pero logran marcar una diferencia desde la técnica, la inteligencia táctica y la distribución del balón.
Hay que mirar a las mujeres

Mientras la presencia manabita es escasa en la categoría absoluta masculina, el fútbol femenino vislumbra un panorama mucho más prometedor para la provincia. En el proceso rumbo al Mundial Femenino Sub-20 de 2026, la convocatoria de la Federación incluyó a cuatro brillantes talentos manabitas: Dayarlin Alcívar, Fiorella Pico, Evelyn Burgos y Josenka Vélez. Estas jóvenes, abriéndose paso en el Sudamericano, evidencian un cambio de paradigma en la formación formativa e indican que el verdadero futuro del balompié provincial podría estar fuertemente respaldado por el talento de las mujeres.
El Mundial Femenino Sub-20 tendrá lugar en septiembre de este año en Polonia, donde Ecuador forma parte del Grupo C y tendrá que chocar con las selecciones de Francia, Ghana y Corea del Sur. Si bien el técnico Eduardo Moscoso todavía no ha anunciado la convocatoria final, la afición manabita anhela que en esta se incluyan a sus coterráneas que fueron piezas claves durante esta histórica primera clasificación en el Sudamericano. De concretarse, la provincia entera se permite soñar con que alguna de ellas logre marcar un tanto, demostrando que la reivindicación futbolística provincial podría llegar impulsada por sus mujeres.


























