Cada 25 de junio, Manabí se detiene un momento para mirarse al espejo. El Día del Manabitismo no es solo una fecha en el calendario llena de actos oficiales; es una excusa perfecta para entender qué define a esta tierra en el día a día.
Si sales a la calle y le preguntas a la gente, la respuesta no está en los libros de historia, sino en la piel. Ser manabita hoy es sinónimo de una mesa compartida, de una amabilidad que no se aprende en la escuela y de esa hospitalidad innata que hace sentir en casa a cualquier desconocido. Pero, sobre todo, es la historia de su gente: hombres y mujeres de carácter firme, trabajadores e incansables.
Sin embargo, detrás de esa calidez que se siente en las calles, hay razones históricas de peso que explican por qué este día genera tanto orgullo. El 25 de junio es una fecha clave por partida doble.
Por un lado, se recuerda la provincialización de Manabí de 1824, el momento en que la región consolidó su lugar en el mapa político del país. Por el otro, se celebra el nacimiento en 1842 de su hijo más universal: el general Eloy Alfaro Delgado, el «Viejo Luchador», un hombre cuyas ideas transformaron y modernizaron al Ecuador entero.
Al final, celebrar el manabitismo es reconocer a un pueblo que sabe reír en los buenos tiempos y mantenerse unido en las dificultades. Es una identidad viva, que se contagia y se lleva con orgullo a donde quiera que se vaya.

























